Yumeko
La madre soñada
Iglesia de Urakami destruida durante el bombardeo de Nagasaki. ©Museo de la Bomba Atómica de Nagasaki.
Aquel fatídico día tuvo la suerte de estar realizando un campamento de verano a unos 40 km de Nagasaki. Pero aquella bomba acabó con sus padres y un hermano. A duras penas pudo acabar los estudios necesarios para afrontar después su formación como enfermera. Después de la guerra, el gobierno ofrecía incentivos y ayudas a las profesiones relacionadas con la salud y pudo titularse con solo 21 años.
Y como quiera que el destino encadena los acontecimientos como quiere, fue esa profesión la que cruzó su camino con la de un soldado americano del ejército que estaba ocupando Japón, teóricamente con fines logísticos hacia la recuperación del país.
Según ella misma contó, la relación amorosa con el soldado jamás contempló ningún compromiso por parte de los dos. En ocasiones se trataba de una relación de oportunidad y otras era un simple acompañamiento. Y ese destino del que hablaba antes se mostró juguetón y sorpresivo, ya que pocas semanas después de su particular “sayonara” descubrió que aquel soldado le había dejado un recuerdo vivo en el interior de sus entrañas. Y “eso”, nada más ni nada menos, era yo.
Me cuentas los tíos, que desde ese preciso instante supo que quería afrontar su embarazo sin depender de nada ni de nadie y que no quería ni por un momento implicar al “donante del espermatozoide campeón” que había llegado victorioso frente a la pared del óvulo tras superar los “túneles de Falopio”. Tendrías que ver la cara que ponen los psicólogos cuando les explico con contundencia que ese renacuajo es mi padre y no el soldado americano que para mí siempre ha sido, es y será un misterio.
Y es que la generosidad de 夢子 (Yumeko), así se llamaba mi madre, llegó al triste momento de que tuvo que dar la vida para que yo obtuviera la mía. No murió en el parto y pudo conocerme y besarme durante una semana y media, pero una infección relacionada con mi nacimiento acabó con ella.
No puedes ni imaginarte, la riqueza de los sueños que he tenido a lo largo de la vida relacionados con ella. Por eso suelo decir que mi madre es un sueño; que solo he tenido madre en sueños y que soñar, muchas veces para mí, es como el cálido abrazo de la madre que te estruja entre su pecho rebosante de ternura.
Nunca he sentido nada por la ausencia de un padre y en cuanto a la ausencia de la madre, creo que no es tal ausencia, porque todo en la vida, todo lo que me rodea, todo, todo, me habla de ella, me la muestra y me la entrega.
Como dije antes, mi madre se llamaba Yumeko, pero ¿sabes qué significa?
Significa niña de los sueños.

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