Forasteros
y otras extrañezas
Alien Plant* (Ricard Pardo, noxeus)
Desde esos tiempos pretéritos se sintió rechazo hacia lo desconocido, asociándolo sistemáticamente con el peligro. No comías una planta desconocida e igualmente no te asociabas ni relacionabas con un desconocido. Evidentemente, esta antropología, prácticamente universal, ha ido evolucionando y es bastante menos extrema que en aquellos tiempos pretéritos. Pero ¿hasta qué punto?
Nada como irse a vivir a un pueblo pequeño, para ver en las miradas de tus nuevos vecinos, esa interrogación y precaución, a veces incluso incómoda y que requiere de un esfuerzo personal para conseguir que poco a poco se vaya diluyendo. No te sale al encuentro un sheriff que te pregunte si te piensas quedar o estás de paso, como suele ocurrir en las películas del Oeste, pero es inevitable que los que te verán se pregunten si vas armado. Es decir, cuál pueda ser tu “peligrosidad”.
Uno de los miedos antropológicos y relacionables con lo mencionado, es el miedo al “alienígena” (o extraterrestre). Está claro que el “hombrecillo verde” es el forastero por excelencia y, seguramente por esa excelencia, también es el más temido.
¿No os habéis preguntado por qué los hemos llamado hombrecillos verdes?
Los primeros autores de relatos alienígenas, de una forma casi inconsciente, se dejaron influenciar por uno de los peligros más previstos como posibles: las bacterias de otros mundos. El desarrollo de esa idea resultó en su idea hermana de que los ET’s no tenían porque ser animales evolucionados, ni siquiera animales simples. Podían ser plantas y además estar entre nosotros desde hace tiempo.
Ahora, la Biología, nos explica, en sus recientes descubrimientos, que la idea que tenemos de los árboles como seres individuales podría ser perfectamente puesta en entredicho y que en realidad deberíamos entender un bosque como un individuo vegetal (y no un árbol solo). Y esto es así porque se ha descubierto que los sistemas de raíces de muchas especies arbóreas se comunican entre sí de forma muy parecida a como lo hacen nuestras neuronas en nuestro sistema neuronal. Y ese sistema de comunicación implica otras especies, como por ejemplo ciertos hongos.
Y no tiene que ser necesariamente una planta arbórea (que se consideran especímenes evolucionados) sino que podrían darse relaciones grupales, incluso en las humildes hierbas de los prados.
Ahora hay autores de ciencia ficción ( y ojo! porque nos han demostrado más de una vez su capacidad prospectiva y de anticipación a hechos venideros, totalmente reales. Julio Verne es solo el más conocido en este sentido). Autores, decía, que proponen nuevas formas de invasión: Ven “aliens” en los líquenes, en bacterias que llegan en artilugios espaciales, virus...
Y hablando de virus... Recordemos que no son plantas, no son animales y no hay acuerdo en reconocerlos como “vivos”
¿Quieres algo más temible que estos pequeños artilugios biológicos?
Lo tiene todo: forasteros, con propósito temible (multiplicarse) y, cuando aparecen, son el desconocido perfecto.
* La fotografia es un ramillete de espigas jóvenes silvestres una vez pasada por las ediciones fruto de mi foto-mente enfermiza.

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